Mostrando entradas con la etiqueta agricultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta agricultura. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de junio de 2010

45. Salinas referente modelo de desarrollo microempresarial


Tomado de El Comercio del 17 de diciembre del 2009

En la parroquia, ubicada a media hora de Guaranda, funcionan con éxito medio centenar de microempresas que exportan chocolates, artesanías y otros productos a Europa. Además cada año reciben a más de 9 000 turistas.

El sacerdote salesiano Antonio Polo lideró un plan para crear microempresas en la parroquia. Esto inició en 1970. En ese año, los campesinos no tenían acceso a servicios básicos y trabajaban en una mina de sal. Con el apoyo del religioso conformaron el programa Queserías Rurales para elaborar el famoso queso El Salinerito. Luego, en 1990 se crearon otras microempresas donde se fabrican embutidos, artesanías, mermeladas, esencias, balones y chocolates.

En 2002, Salinas obtuvo el primer lugar en el concurso Gestión Empresarial de Género, organizado por la Fundación Sendas. El trabajo de las mujeres en los 16 centros artesanales que elaboran canastas de paja y sacos de lana y las historias de 22 mujeres líderes que están al frente de grupos juveniles y precooperativas de ahorro y crédito permitió que Salinas obtuviera el primer lugar.

Esto fue registrado por EL COMERCIO al igual que el reconocimiento que logró la parroquia en 2004. La organización Worldaware Business Awards premió a la parroquia porque a través de la organización comunitaria se mejoró la calidad de vida de los campesinos. En Salinas no hay desempleo ni analfabetismo. Las microempresas son visitadas por miles de turistas.

De la extrema pobreza al desarrollo
Reportaje preparado para la Revista "BIDAmérica" publicado en febrero del 2005

Cómo una comunidad de la serranía del Ecuador, abandonada y sumida en la extrema pobreza, se transforma en un ejemplo de trabajo y desarrollo

Por Elbio Hidalgo, Universidad Politécnica Salesiana Sede Quito

¡Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón…!

Parece ser que en esta hermosa frase extraída de una canción de Mercedes Sosa, se podría resumir la experiencia de desarrollo de Salinas de Bolívar, comunidad de la serranía ecuatoriana en donde conviven indígenas quichuas y mestizos.

Hace treinta años esta comunidad estaba sumida totalmente en el olvido, la pobreza, y la marginalidad. La mortalidad infantil en aquellos tiempos era del 45%, el analfabetismo del 85%, las viviendas eran muy humildes, construidas de paja y tierra, carecían de agua entubada, electricidad, servicio telefónico, alcantarillado y carreteras permanentes.

Los jóvenes y adultos, migraban masivamente a las grandes ciudades en busca de trabajo, ya que la única fuente de trabajo en Salinas eran las minas de sal, trabajo duro y mal remunerado. Alonso Vargas1 recuerda “antes el pueblo era bastante pobre, teníamos casitas de choza y todos los habitantes servíamos a la familia Cordobés pero éramos explotados por ser peones”. La comunidad vivía en la extrema pobreza.

En 1970 llega a la comunidad el padre Antonio Polo junto con un grupo de voluntarios italianos del grupo Mato Grosso, quienes fueron invitados por Cándido Rada, obispo de Guaranda de aquel tiempo. Ante la difícil realidad de la comunidad, el padre Polo tuvo la firme convicción de cambiarla y crear fuentes de trabajo para salir de la miseria.

La Propuesta. Con el apoyo del Obispo de Guaranda, el padre Polo logró crear la Cooperativa de ahorro y crédito de Salinas, para conseguir los derechos de la explotación de la sal que hasta ese entonces pertenecía a la familia Cordobés, dueña de grandes extensiones de terrenos. Pero al poco tiempo el proyecto fracasó por la poca rentabilidad de la sal. “Yo les dije hagamos quesos comunitarios” —recuerda el padre Polo— “el desarrollo no es pedir dinero, sino aprovechar los recursos que uno tiene por más escasos que sean”.

Los esfuerzos de la Cooperativa se enfocaron en el ahorro familiar, y luego de varios intentos fallidos se creó en 1978 la quesera de Salinas, gracias a la colaboración de José Dubach, quien aportó con la tecnología para la realización de los quesos y ayudó en la apertura de una tienda de expendio de quesos en Quito.

Una de las políticas novedosas de la cooperativa, que pasó a administrar el dinero producido por la Quesera, fue la no repartición de las utilidades para así poder realizar inversiones en otros proyectos.

¿Cómo llevar adelante el proyecto de trabajo comunitario?
Para lograr este objetivo, el padre Polo propuso enfocarse en la actividad de la Cooperativa como base de una organización estable, en la cual se conjugue varios enfoques tradicionales y otros innovadores:
*
Una Estructura abierta
, que permita participar a todos los miembros de la comunidad y a quienes deseen integrarse al proceso, convirtiéndose en una cooperativa abierta a la búsqueda de alternativas de desarrollo para la comunidad. En este proceso han participado indígenas, mestizos, extranjeros, religiosos, voluntarios, que con sus ideas y diversos enfoques permiten una mayor eficacia en los procesos de desarrollo
*
Una Democracia estructurada, los cargos y responsabilidades están bien definidos, a través de comités y mediante elección de los socios en las asambleas. Para el padre Polo, la honradez y la voluntad de la gente son el pilar del éxito. Las reuniones entre los socios se realizan periódicamente, “En la democracia todos somos iguales porque todos tenemos un voto, ya sea el que tiene un poquito más o el que tiene un poquito menos, el hecho es sentirnos iguales”
*
El Ahorro, que es fundamental para crear un sentido de pertenencia en el desarrollo, para el padre Polo, “no hay que pedir dinero sino aprovechar lo que se tiene”. Mediante el ahorro se puede acceder a nuevos proyectos que se traducen en beneficio para todos.
*
El Crédito. El padre Polo lo enfoca como un instrumento de inversión más que de donación que se desgasta. Es un instrumento de estímulo, que ayuda a cada socio a manejar correcta y eficazmente el dinero, además de la oportunidad de invertir en nuevas iniciativas familiares que nacen de la necesidad de mejorar su nivel de vida.
*
La Contabilidad, que tenga sistemas sencillos y eficaces, ajustada a la realidad. Para el padre Polo este elemento es fundamental, ya que los administradores, que en su mayoría son personas que no han terminado ni la escuela primaria, deben llevar una correcta administración de los recursos que manejan.
*
Una Centralización-Diversificación, la cooperativa no se debe limitar a su actividad específica de ahorro y crédito, sino que debe constituirse en un núcleo organizativo abierto a todas las actividades, como por ejemplo al trabajo comunitario. Para Marcelo Allauca3, “la experiencia del desarrollo debe ser compartida”, por lo cual, en la comunidad se abrió un internado secundario para que estudiantes de otras comunidades de todo el país, estudien en la mañana y por la tarde participen dentro de los procesos productivo de las diferentes empresas, con la finalidad de que aprendan y después creen empresas dentro de sus propias comunidades.
*
La Utilización Comunitaria de excedentes: anualmente y una vez realizados los balances económicos, los excedentes de las empresas no son repartidos individualmente. Estos fortalecen a su cooperativa y permiten cristalizar varias necesidades comunitarias. Con esto se evita que las personas que tengan más, reciban más. En palabras de Alonso Vargas “nuestra política es ayudarnos entre unos y otros”.

Ya en la Marcha. La cooperativa, que en un inicio se formó con los escasos ahorros de quince socios campesinos, pronto atrajo a otros, y se creó la primera quesera, posteriormente se abrió una tienda en Quito que permitió la venta directa sin intermediarios, “Apenas supieron que en Salinas había trabajo, muchos de los jóvenes que vivían en Guayaquil regresaron y ayudaron a convencer a otros que la migración a la ciudad es dura y penosa”, comenta el padre Polo.

Tras la difusión del modelo cooperativista de Salinas y por la necesidad de contar con una mayor organización, se creó FUNORSAL (Fundación de Organizaciones Campesinas de Salinas) que emprendió la creación de cooperativas productoras de quesos en toda la parroquia.
El éxito fue tal, que en la actualidad FUNORSAL tiene 30 empresas productivas: una fábrica hilandera, dos embutidoras, un criadero de cerdos, una carpintería, una mecánica, una hospedería campesina, un centro de acopio y comercialización de los productos que se elaboran en Salinas, varias tiendas comunales, dos granjas experimentales destinada a la crianza de alpacas y ovejas. Se trata de un conjunto de empresas manufactureras y comercializadoras encadenadas entre sí a través de líneas productivas complementarias. Sin embargo, la industria de quesos es la principal actividad de producción de la comunidad y en la actualidad cuenta con 22 queseras en Salinas, 20 en la Provincia de Bolívar y 40 a nivel nacional.

Otra Realidad. Hoy el 95% de las personas que viven en Salinas cuentan con electricidad, el 92% tienen acceso a la salud, todos tienen agua entubada, sólo el 8% de los jóvenes salen a las grandes ciudades del país, pero en su gran mayoría por motivo de estudios. En las empresas locales trabajan 278 personas, entre administradores, operarios, artesanos, comerciantes y voluntarios. El número de estudiantes se incrementó vertiginosamente: 106 niños asisten a la escuela primaria, 111 jóvenes al colegio y 58 jóvenes están estudiando en las diferentes universidades del país. La capacidad de ahorro mensual es del 11% sobre sus ingresos mensuales, y ahora las casas tienen un promedio de 2 pisos, 4 habitaciones y en su gran mayoría son de cemento, bloques y zinc, y además, 35 familias poseen una segunda vivienda para alquiler.

Como se puede observar, la comunidad de Salinas salió de la miseria, pero aún se enfrenta a diversos problemas: vías de acceso a la comunidad en mal estado, falta de medios de comunicación, falta de apoyo del gobierno para mejorar los pastizales, despreocupación por parte del Ministerio de Educación en cuanto al número de profesores, falta de coordinación con el gobierno local.

Sin embargo, no cabe duda que el resultado obtenido por esta comunidad viene de un proceso organizativo autónomo, empujado por la unión de sus pobladores, unión que hace la fuerza, la cual han sabido mantenerla y transformarla en solidaridad expresada en el diario vivir. Es un proceso exitoso, producto del entendimiento de que el desarrollo no es pedir dinero, sino aprovechar los recurso que se tiene por más escasos que estos sean. Hay una frase que se utiliza mucho en mi país cuando la selección de fútbol gana, y que expresaría los sentimientos de todos quienes conocemos la experiencia descrita en este artículo: ¡SI SE PUEDE!, ¡SI SE PUEDE! , ¡Y SIEMPRE SE PODRÁ!

Link: www.ticsdemanabi.net

44. Recursos para riego, productividad y produccion


Tomada de la edición impresa del 04 de enero del 2010 El Telegrafo
Con este proyecto, estos sectores esperan mejorar la productividad de sus cultivos.
El Ministerio de Agricultura inauguró el revestimiento de 6.800 metros del sistema de riego de la acequia Alta Fernández, que beneficia a 3.000 usuarios.

El Ministerio de Agricultura, a través del Instituto Nacional del Riego (INAR), inauguró el revestimiento de 6.800 metros del sistema de riego de la acequia Alta Fernández, que beneficia a 3.000 usuarios de varias parroquias de Ambato, en Tungurahua, y de Salcedo, en Cotopaxi.

Esta obra tiene un costo de 1’177.000 dólares y regará a 1.720 hectáreas, beneficiando a 1.800 familias de productores de papa, mora, cebada, mellocos, frutas y especies menores.

En este mismo acto, el proyecto Competitividad Agropecuaria y Desarrollo Rural Sostenible (Caders) entregó un cofinanciamiento de 48.796 dólares a 180 familias, de 10 organizaciones campesinas del cantón Mocha, recursos que servirán para la instalación de una planta faenadora de cuyes.

Así también, se distribuyeron los primeros 130 carnés a productores de Tungurahua, quienes buscan tres objetivos específicos.

Primero, registrar a productores agrícolas, a fin de recibir asistencia técnica y planificar de manera adecuada las actividades agrícolas. Segundo, comercializar los productos en el mercado mayorista de Ambato; y tercero, gestionar y canalizar el apoyo estatal hacia la producción.

Lucy Montalvo, subsecretaria regional de Agricultura de la Sierra, recalcó el compromiso del Gobierno Nacional con la agricultura familiar y se comprometió a continuar con el apoyo a los pequeños productores.

“Esto, porque son ellos los encargados de garantizar la seguridad alimentaria del país”, apuntó Montalvo.

Manifestó que el Estado ha asumido esta responsabilidad que contribuirá a mejorar la gestión agropecuaria en este sector.

Link: www.ticsdemanabi.net

41. Proyecto con apoyo de Prefectura mejora la agricultura


Tomada de la edición impresa del 20 de marzo del 2010 El Telegrafo
Para la ejecución de las actividades productivas, el CG-Paute entrega insumos a los beneficiarios del programa.

Infórmate
Para conocer los proyectos que ejecuta el CG-Paute puede ir a las oficinas de la entidad, en Cuenca: calle Núñez de Bonilla 1-95 y Sebastián de Benalcázar.
O llamar a los teléfonos (07) 2868672 / 2865335 / 2862583 / 2862581 / 2802619. O ingresar a la página www.cgpaute.gov.ec
Desde 2008, más de cien agricultores de 2 parroquias reciben capacitación e insumos gratis.
En las parroquias de Solano y Cojitambo, en la provincia de Cañar, la vida de cientos de pequeños agricultores mejora cada día, gracias a la ayuda que reciben -desde 2008- del “Proyecto de Conservación de suelos”, que ejecutan instituciones públicas.

El plan, que se realiza con los campesinos que se encuentran en la zona de influencia del río Paute, es parte del convenio de cooperación interinstitucional suscrito entre el Consejo de Gestión de Aguas de la Cuenca del Paute (CG-Paute) y la Prefectura de Cañar.

De acuerdo con Iván Belasaca, técnico del CG-Paute, el proyecto tiene como objetivos implementar obras con sistemas agroforestales, silvopastura y forestales en las microcuencas del río Déleg, en Solano, y microcuenca del río Burgay Bajo, en Cojitambo.

“Estas actividades buscan mejorar el rendimiento del suelo y controlar el arrastre de sedimentos”, mencionó el técnico.

Para ello, se mejora las condiciones de vida de los campesinos de dos las zonas mediante la capacitación e implementación de actividades económicas como pastizales, cultivos y la producción agroforestal, basadas en la conservación del agua y el suelo.

Y la ayuda es continua. Por ejemplo, el mes anterior el CG-Paute entregó a los beneficiarios del proyecto varios insumos: 788 árboles pequeños de alisos y 4.702 de acacias, los cuales deben ser sembrados en las parroquias, además de 5.503 plantas de capulí, 3.385 de quinua, 5.189 de frutas varias y 556 libras de alfalfa.
Entre los principales objetivos de este proyecto está la conservación de las fuentes hídricas del río Paute
Adicionalmente, los agricultores recibieron 1.717 sacos del abono llamado “gallinaza”, 82 de fertilizante, 76 de cal agrícola y 600 sacos de abono orgánico.

De acuerdo con Belasaca, del proyecto se benefician 230 familias (145 de Cojitambo y 85 de Solano).

El monto del convenio es de 80.409 dólares, de los cuales el Consejo aporta con 35.874 dólares, el Gobierno Provincial con 22.871 y las comunidades con 21.664 dólares, mediante la mano de obra.

Juan Lema, productor maicero de la comunidad de Angaloma, en Cojitambo, es uno de los beneficiados de este programa. Manifestó que la iniciativa agroforestal le ha permitido alternar su tradicional cultivo con la siembra de árboles frutales de la zona.

Aseguró que los comuneros de ese sector de Cañar tienen un sentimiento de gratitud por la ejecución de este proyecto.

“Esta ayuda es buena para nosotros, por eso queremos más plantas frutales, como peras, manzanas, duraznos, capulí, etc., porque algunos (pobladores) aún tenemos terreno para seguir sembrando”, enfatizó Lema.

Además, manifestó que de la producción de frutas que tendrá en pocos meses, la mayor parte les servirá para comercializarla dentro de la parroquia y sus comunidades aledañas. Aunque no descartó la posibilidad de vender su producto en Azogues.

La otra parte de la producción, expresó el agricultor, será para el consumo familiar y para la alimentación de sus animales.

Y en la misma línea se encuentra Vicente Correa, de la parroquia Solano, quien agradeció la ayuda recibida por estas organizaciones, resaltando la entrega de abonos orgánicos, porque anteriormente la adquisición de fertilizantes químicos para sus cultivos le representaba gastos excesivos.

En su caso -dijo Correa- la producción servirá para la alimentación familiar y de sus animales.

“Tengo una vaca, que me da leche para mi consumo, por ello tengo que cuidarla. Y tengo entendido que lo mismo harán otros comuneros”, apuntó.

El tema de la capacitación es otro beneficio que han recibido. Según Belasaca, los temas que se imparte a los agricultores indígenas -entre otros- tratan sobre el manejo adecuado del cultivo, la implementación y elaboración de abonos orgánicos, y el control de suelos.

Sin embargo, para que estas ayudas se fortalezcan, estas y otras comunidades esperan que el CG-Paute, el Consejo Provincial o, en su defecto, la Secretaría Nacional del Agua les ayuden con la construcción de canales, albarradas o cualquier sistema de riego, que les permita transportar el agua hacia sus cultivos.

Dicho pedido es porque desde hace semanas estos sectores del austro sufren una época de sequía, que han ocasionado que algunos cultivos se vean afectados. “Por acá está seco por la falta de lluvias, y por nuestra ubicación se nos dificulta traer agua para la planta”, mencionó Correa.
A Jadán también llega la ayuda
Con la finalidad de ejecutar acciones de forestación en áreas degradadas y la protección biológica de las fuentes hídricas, el Consejo de Gestión de Aguas de la Cuenca del Paute (CG-Paute) y la Junta Parroquial de Jadán, en Azuay, entregaron en la parroquia 34.000 plantas entre nativas y exóticas como: chachaco, aliso, pumamaqui, sauce, gañal y eucalipto, que serán sembradas por los pobladores a través de mingas.

Esto por medio de un convenio de cooperación interinstitucional suscrito entre el CG-Paute y Junta de la parroquia para la ejecución del proyecto “Manejo de las fuentes hídricas y recuperación forestal de la microcuenca del Jadán”, que beneficia a cientos de pequeños agricultores de la zona.

El monto del convenio es de 50.994 dólares, de los cuales el Consejo aporta con 39.845, la Junta Parroquial de Jadán con 1.700 dólares y los beneficiarios del proyecto con 9.450, valorados en mano de obra no calificada. (GMP)

Link: www.ticsdemanabi.net

40. Productores de cacao organico con apoyo de Caritas


Tomada de la edición impresa del 03 de marzo del 2010 EL TELEGRAFO

En Puerto Quito 120 productores se dedican a sembrar el producto orgánico de cacao.

La pureza del cacao orgánico comercializado por Biofasca cuenta con el certificado Ecocer que le permite ingresar a mercados como Estados Unidos y Europa.

Biofasca adquirió una máquina procesadora de cacao con la que se espera en algunos meses empezar a producir chocolate y comercializarlo dentro del país.

La Fundación Caritas a través del Programa Bancos Comunales entregará 200 mil dólares en créditos para incentivar la producción de los agricultores de Puerto Quito. El monto por persona será de 600 dólares a un año plazo. Los requisitos son la copia de la cédula, no estar en la Central de Riesgo y ser parte de Biofasca.

Infórmate
Biofasca está ubicada en la Av. 18 de Mayo, en la entrada norte a Puerto Quito.
Para conocer más sobre este proyecto contactarse con Mauricio Erazo al (02) 2156 246
La Fundación Caritas se encuentra en Santo Domingo para comunicarse escribir al e-mail: fundacioncaritas@andinaet.net
Agricultores reciben el 21 por ciento más del precio que el producto tiene en el mercado.
Desde hace cinco años que la Fundación Caritas de la Diócesis de Santo Domingo inició un proyecto de capacitación y comercialización de cacao orgánico y cambió la situación para los productores del grano de Puerto Quito, Santo Domingo, Los Bancos y La Unión en Esmeraldas.

Son 190 productores los que entregan el cacao directamente a Biofasca, empresa creada por la fundación para almacenar y comercializar el producto. En el lugar los productores reciben el 21% más del precio establecido en el mercado.

Jesús Ramos, productor de cacao de Puerto Quito, posee dos hectáreas de cultivos de cacao fino de aroma, lleva quince años dedicado a la producción y desde 2004 decidió cambiar y cultivar cacao orgánico.

Cada quince días Ramos y su familia trabajan un día entero en la cosecha de las mazorcas de cacao y luego de un proceso de siete días las envían a Biofasca.

Anteriormente, Ramos, al igual que otros productores, vendía su producción a un precio muy bajo porque no tenía otra alternativa de comercialización que la de entregársela a intermediarios.

Pero el beneficio no solo es para quienes lo producen sino también para quienes lo consumen por ser un producto saludable. Por ejemplo Tránsito Tarqui empezó a cultivar cacao orgánico cuando se inició el programa de Biofasca. Actualmente posee 4 hectáreas y entrega de dos a tres quintales mensuales.

Para ella el principal beneficio obtenido son las capacitaciones que han sido una guía para producir de forma orgánica y así contribuir con el cuidado del medio ambiente.

“Espero que se valore más el trabajo orgánico que estamos haciendo, porque requiere mucho trabajo para cultivar y el precio que se paga es bajo, pero a pesar de ello me siento satisfecha porque sé que estoy cultivando algo sano, y así cuido la salud de mi familia y conservo la naturaleza”, señaló.

Para Mauricio Erazo, coordinador del proyecto, el objetivo que impulsó la capacitación de los agricultores en cultivos orgánicos de cacao y la creación de la fábrica fue dar valor y fomentar el trabajo de los agricultores.

Al inicio del proyecto se invirtieron 20 mil dólares en capacitación, para impartir técnicas necesarias que les permita cultivar cacao orgánico y mejorar su producción. “Antes se obtenían 4.5 quintales por hectárea, ahora pueden tener entre 8 y 15 quintales por hectárea al año”, aseguró Erazo.

Las capacitaciones fueron impartidas por el Gobierno Provincial de Pichincha y el Municipio de Quito, quienes junto a la Fundación Caritas colaboraron con el financiamiento necesario.
135 dólares es el precio que se paga a los productores por cada quintal de cacao orgánico
Posteriormente, gracias a la gestión del Plan Esperanza de la Conferencia Episcopal se invirtieron 240 mil dólares en infraestructura y maquinaria para la implementación del centro de acopio y la fábrica donde se procesa el cacao. Biofasca recibe cacao seco y en baba que es fertilizado y secado, evitando que los productores realicen el proceso, lo que les genera gastos y pérdida de tiempo en la entrega del producto.

El mes anterior Ramos entregó a Biofasca dos quintales de pepa de cacao orgánico a 135 dólares cada uno. Este producto junto al de otros productores es vendido a Cofina. Esta empresa guayaquileña, que exporta el cacao a Francia, compra de 270 a 300 toneladas de pepa de cacao fino de aroma al año.

Otra parte de la pepa es utilizada para la producción de pasta y manteca de cacao. Desde hace tres años en la fábrica se elabora este producto que a través de Rantinpak -comercializador de productos orgánicos- es exportado a Francia donde se produce chocolate artesanal.

También se comercializa en Camari, y localmente en la zona del noroccidente, en Quito y en Santo Domingo.

Al mes se vende alrededor de una tonelada de pasta de cacao y con los ingresos generados se compra a un mejor precio la pepa de cacao al agricultor.

Link: www.ticsdemanabi.net

39. Pequenos productores logran beneficios con Camari


Tomada de la edición impresa de El Telégrafo del 03 de noviembre del 2009

En las tiendas Camari se pueden apreciar gran variedad de artículos adquiridos a los productores.

Datos
La organización fue creada en 1981 por el grupo social FEPP, fundación que trabaja por el desarrollo de los sectores populares ecuatorianos.

Existen grandes importadoras de comercio en Italia, Alemania, España, Canadá, Francia, Estados Unidos, Japón, Australia y Suiza que adquieren los productos comercializados por Camari.

La entidad ofrece a los productores manejo de postcosecha y aseguramiento de calidad, servicio y asistencia técnica en diseño de productos artesanales.

Infórmate
A través de un catálogo electrónico se pueden conocer los productos de estos pequeños fabricantes en el sitio web www.camari.org.

En Quito, la tienda de Camari está ubicada en la Marchena OE 238 y Versalles. Teléfonos: 2549407 /2567112.
A través de un sistema de comercialización, emprendedores venden sus productos a precios justos.
Desde 1989, Irene Guillén forma parte de la Unión Artesanal Masapán Calderón donde trabajan 20 personas elaborando figuras de masapán.

Cuando inició este pequeño emprendimiento, lo más difícil fue encontrar un mercado para vender sus productos. Pero ahora las artesanías de Guillén y del resto de sus compañeros son exportadas a Estados Unidos.

El negocio va bien en la actualidad, pero no olvidan los años difíciles.

“Entregábamos artesanías en las tiendas, pero nos explotaban, nos pagaban poco por ellas y muchas veces ni siquiera nos pagaban. Sentíamos que nuestro trabajo no era valorado como se debía”, recuerda la artesana.

La situación cambió hace 18 años cuando la microempresa se contactó con Camari (Sistema Nacional de Comercialización Solidario), que busca apoyar e impulsar la producción de los pequeños productores.

Para Guillén la relación establecida con Camari permitió el desarrollo de los 20 artesanos, que ahora consideran que sus productos son valorados en el país y en otros lugares del mundo.

Pero no solo ellos se han beneficiado con el trabajo de la organización, pues también colabora con comunidades campesinas y organizaciones urbano-marginales, que han encontrado una forma justa de comercializar y promocionar sus productos.

Teodoro Méndez, del Consejo de Asociaciones Artesanales de Bienes Agrícolas y Agropecuarios, es un testigo de esta ayuda. Él pudo comercializar sus cosechas de fréjol por la gestión realizada por este sistema solidario.

“Actualmente vendemos el producto a diferentes clientes, pero al comercializarlo con Camari accedemos a buenos precios”, afirma.

Y ese es el objetivo del sistema. “Esta organización se crea por la necesidad de contar con un sistema solidario que esté directamente relacionado con el productor y con el cliente externo, para así evitar la intervención de un intermediario”, comenta Antonio Santillán, director de Camari.

Mientras que Vilma Allauca –también de la organización- asegura que lo más importante es cumplir con los principios del comercio solidario: el respeto al medio ambiente, la no utilización de niños en la producción, equidad, justicia social, precios justos, respeto a los derechos humanos y promoción del productor.

Además, la relación entre los productores y el comercializador se realiza de forma voluntaria. La mayoría de agricultores y artesanos se contacta con la entidad, presenta sus productos y tiene un espacio para venderlos en las tiendas ubicadas en Riobamba, Latacunga, Coca, Cuenca y Quito.
Cumplir con los principios del comercio solidario entre los beneficiados es uno de los objetivos que busca Camari
También se les ofrece la posibilidad de contactarlos con clientes extranjeros, que -por lo general- pertenecen a la red de organizaciones de comercio solidario.

Para establecer el precio de comercialización, las partes analizan los gastos en materiales, mano de obra y volumen. Al valor resultante se le suma un 30 ó 35 por ciento.

De acuerdo con datos de Camari, de enero a octubre del presente año solo en Quito se han comprado 1’212.882 dólares en productos.

Santillán resalta que la organización no busca tener ganancias económicas, sino sociales. “Nosotros medimos nuestras utilidades de forma diferente, porque no podemos darle valor a las más de 95 mil familias que trabajan con nosotros”, destaca.

En Quito, la tienda de Camari está llena de novedosos y diversificados productos: confiterías hechas con aceite de soya, chocolates de Salinas de Guaranda, artesanías de masapán y de paja toquilla, carne de soya, legumbres orgánicas, café de quinua, panela, entre otros.

Mientras que, en la vitrina central del almacén se encuentran jabones, cremas, champúes, aceites para masajes hechos a base de hierbas naturales. Todos estos productos pertenecen a la Fundación Chankuap de Macas, que está integrada por 30 familias.

En cambio, en el área de artesanías de la tienda hay una gran diversidad de estos productos, en una de las vitrinas se exhibe bisutería de tagua elaborada por jóvenes del taller Yurac Muyo, que desde hace 12 años comercializan sus productos a través de Camari.

El grupo recibe al año dos pedidos grandes de 4.000 piezas terminadas. “Se nos ha abierto el mercado. Toda la artesanía que entregamos se va más al extranjero”, comenta Olga Guayaquil, una de las artesanas.

Adicionalmente, los integrantes se han beneficiado con capacitaciones sobre asociatividad y diseño dictadas por expertos italianos contratados por Camari

Link: www.ticsdemanabi.net

34. Negocios inclusivos de grandes ayudan a los proveedores


Tomado de Diario Expreso del 8 de Diciembre de 2009

Un convenio asegura al comprador y el precio

Las cadenas industriales les facilitan financiamiento, asesoramiento, asistencia técnica e insumos; les compran la totalidad de la producción a precio oficial, con lo que dinamizan la economía.
Consumidor. Joela Moncayo compra un litro de yogur en un minimarket de Sauces VI. El producto se elabora con materia prima obtenida a través de negocios inclusivos.
Pronaca, Toni, Induagro, Reysac, Agripac y Cofina, entre otras empresas, tienen algo en común: ayudan a mejorar la situación de sus proveedores.
Toni empezó en 2008 a comprar leche a un grupo de ganaderos que tenía 5 reses cada uno, hoy poseen 20. Crecieron porque la empresa los asesora para mejorar su producción y les compra a precio oficial.
Un caso parecido es el de 100 agricultores de Balzar que en 2008 se asociaron con Pronaca para recibir crédito, insumos, asesoría y un mercado seguro y a precio pactado. Este año son 200 asociados y el rendimiento de producción de maíz es casi el triple.
Ambos casos y otros 50 en el país son parte del proyecto Negocios Inclusivos, iniciado por varios organismos como el Consejo Ecuatoriano de Desarrollo Sostenible (Cendes), el Servicio Holandés de Cooperación y Desarrollo (SNV) y la participación de entidades como la Cámara de Industrias de Guayaquil y algunos organismos estatales.
La gerenta de Desarrollo Económico del SNV, Lourdes Luque, dice que hace 20 años el SNV inició su asesoría en áreas rurales y logró la participación de muchos agricultores, pero con pocos resultados efectivos en la lucha contra la pobreza. El SNV tiene experiencia en el campo y se asoció con el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible, y junto al Cendes desarrollan varios programas pilotos.
El Gobierno también participará en esta modalidad. Hace tres semanas el presidente Rafael Correa anunció que en enero se iniciarán negocios rurales a través de empresas, para lo cual abrirá líneas de créditos.
Negocios inclusivos busca insertar a los pobres en las cadenas de valor. Los participantes reciben capacitación, asistencia técnica, semilla, crédito y un mercado fijo.
En el caso de Pronaca, la empresa debió levantar un censo e intermediar ante organismos de crédito para el financiamiento de los cultivos. “Debimos asesorar a los agricultores hasta en la legalización de sus tierras para que las puedan hipotecar”, señala Juan Carlos Villacís, de Pronaca.
En el primer año del proyecto, los sembradores de maíz recibieron crédito, insumos y asesoría, y los resultados fueron que triplicaron el rendimiento de sus cultivos. Antes cosechaban un promedio de 40 quintales por hectárea y ahora obtienen hasta 120, dice Luis Bakker, presidente de Pronaca.
Jaime Rumbea Dueñas, quien manejó el programa Negocios Inclusivos de la Cámara de Industrias de Guayaquil, cree que el plan es exitoso. Muchas compañías han obtenido experiencia e involucrado a su cadena productiva a pequeños productores, lo que convierte al sistema en un buen negocio para las partes, a la vez que genera riqueza.
Hemos firmado un convenio con la Asociación de Industriales Latinoamericanos (AILA) para difundir e implementar el modelo de negocios inclusivos en el Ecuador y en sus países miembros.Robert de Jongh,
Director regional SNV

****
Lunes, 07 de Diciembre de 2009 - 23:34 EXPRESO
Un convenio asegura al comprador y el precio
Cosecha. José Gerardo Bravo revisa las mazorcas de maíz en su cultivo en el sitio San Ramón de la parroquia El Maicito, del cantón Balzar. Su cosecha se la vende a Pronaca.
José Gerardo Bravo cultiva siete hectáreas de maíz en Balzar, junto a sus 7 hijos, y desde que firmó un convenio, dentro del programa negocios inclusivos, con la empresa Pronaca, recibe asesoramiento técnico, aval para crédito e insumos; además, la empresa le transporta el producto, le paga el precio oficial y le hace retención para pagos.
“El sistema me resolvió muchos problemas y ahora mis tierras rinden casi tres veces más. Mi familia tiene trabajo seguro, los costos son menores y la utilidad mayor”.
Varios de sus vecinos han solicitado ser incluidos en el programa de esa empresa.

Link: www.ticsdemanabi.net

jueves, 24 de junio de 2010

27. Los migrantes crean nuevas microempresas


Tomada de la edición impresa del 12 de junio del 2010 El Telégrafo

Más de 50 familias de Cuchucun, provincia de Cañar, se benefician con el proyecto Codesarrollo Cañar-Murcia.
El proyecto nace de una iniciativa de la Secretaría Nacional del Migrante, la Comunidad Autónoma de la región de Murcia y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Codesarrollo Cañar- Murcia empezó el 15 de enero de 2006.

Más de siete millones de dólares se han invertido en el proyecto. Los beneficiados son familiares de los migrantes que se encuentran en España.

Para más información del Proyecto Codesarrollo Cañar-Murcia visita su página web: www.codesarrollocanarmurcia.org.
El programa Codesarrollo Cañar-Murcia da asesoría y proporciona insumos a los emprendedores.
Estaba a punto de migrar a España. La terrible situación económica que atravesaba Juana Pichizaca, agricultora de la comunidad Cuchucun, provincia de Cañar, la tenía contra la pared, pues no tenía dinero para invertir en sus tierras. Pichizaca decidió participar en el Proyecto Codesarrollo Cañar-Murcia y desde ese momento su vida cambió.

Este proyecto surge como una iniciativa de la Secretaría Nacional del Migrante (Senami), la Comunidad Autónoma de la región de Murcia y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo como principal financiador.

Más de 50 familias que laboran en 25 invernaderos de tomate riñón se benefician de este proyecto agroecológico. Los agricultores elaboran el abono y los fertilizantes para sus cultivos.

Desde el 2007, Pichizaca y sus “compas” de Cuchucun se dedican a la producción de tomate riñón.

Al igual que Pichizaca, Alfonso Guamán, agricultor, se dedica a esta actividad que de a poco mejora su calidad de vida.

El agricultor cuenta que en su comunidad la mayoría de personas partieron al exterior y las pocas que quedaron tuvieron que soportar muchas dificultades para sobrevivir.

“El proyecto nos acogió, nuestros familiares mejoraron su situación económica en España y empezaron a enviar remesas para instalar nuestros viveros en la comunidad”, afirmó.

Cuentan con una buena producción, sus tomates tienen mucha acogida en los mercados de Cañar y Azuay, manifestó David Guamán, quien estuvo a punto de partir a España.

Guamán expresó que las plantas que les otorgó el proyecto dan una buena producción. Así mismo, el abono orgánico y los fertilizantes que utilizan hacen que los tomates riñón que cultivan tengan mucha demanda.

Jorge Cárdenas, director del proyecto, mencionó que el objetivo principal es potenciar el efecto que las migraciones tienen en las condiciones de vida de la población, tanto de Cañar como en Murcia.

Dentro del programa existen tres objetivos específicos. El primero está enmarcado en realizar actividades de desarrollo en el cantón Cañar, el segundo está orientado en Murcia a trabajar con las asociaciones de migrantes que se encuentran allá. Mientras que el tercero es vincular el codesarrollo entre Murcia y Cañar.

Más de 7 millones de dólares se invirtieron en el programa.

El proyecto se inició el 15 de enero del 2006 y terminó el 31 de abril del 2010. Luego se renovó y concluirá en diciembre de este año.

Bolívar Quinde, técnico del proyecto, indicó que durante el primer año se hizo una investigación, probaron seis variedades de tomates, elaboración de enmiendas orgánicas y fertilizantes.

“Entre seis clases de tomates cogimos la mejor variedad que es más resistente a las plagas y enfermedades, buena producción, 12 kilos por plantas” dijo.

Explicó que la variedad Dominic no necesita mucha aplicación de agroquímicos, es adaptable a los 2.800 metros sobre el nivel del mar donde están ubicados los sembríos.

En el segundo y tercer año del proyecto, la Senami da talleres de capacitación y asesoría técnica para que los agricultores siembren con tecnología limpia con enfoque agroecológico. Con la primera cosecha los emprendedores recuperan la inversión, dijo el experto.

Para la construcción de cada vivero, los familiares de los migrantes enviaron US$ 1.000. Además, los agricultores hicieron un préstamo de US$ 1.500 a una cooperativa de crédito de la localidad.

La Senami y la entidad española apoyaron a los agricultores de Cuchucun para la siembra de tomate riñón, con las plantas, plásticos, sistema de riego por goteo, y parte de la madera que se utilizó para el invernadero. Más de US$ 4.000 son invertidos en cada cultivo.

Link: www.ticsdemanabi.net

miércoles, 23 de junio de 2010

21. Hongos de Sumaco atraen el turismo y los negocios


Tomada de la edición impresa del 09 de abril del 2010 El Telégrafo
Los hongos ostras son reconocidos en la zona como la principal fuente de ingreso de quienes habitan en Sumaco.

Datos

Venden los hongos ostra en la vía y envían las raciones a Tena y Archidona.
La primera inversión para este negocio fue de 600 dólares.
Su eje es el turismo y, de hecho, propuestas como la de los hongos ostra está inserta como parte de una guía de la Ecorruta Sumaco, financiada por la Corporación Andina de Fomento (CAF)
El esfuerzo realizado por la comunidad es un ejemplo de desarrollo para muchas otras iniciativas.

De color blanco y luego de tres días de cuidados en un cuarto especialmente ventilado, los hongos llegan a tener un tamaño que los vuelve apetecibles. De hecho, están ahí para seducir los ojos de quienes transitan por el kilómetro 36 de la vía que une Baeza con Sumaco, en la provincia de Napo. Al encanto de verlos florecer se une la tradición exótica que los asocia como afrodiasiacos y provocadores de sueños psicodélicos.

Pero estos organismos tienen una característica muy peculiar: son la fuente de empleo de seis familias de la zona. Son los hongos ostra de la comunidad Santa Elena de Guacamayos, más conocidos como los hongos de Sumaco.

Javier Haro y las familias vinculadas al proceso están en esto desde hace cuatro años.

Venden el producto en la vía y envían raciones a Tena y Archidona. La libra de hongos cuesta 1,50 dólares. Cada semana colocan entre 150 y 200 libras en el mercado y hay temporadas en que esta cifra escala hasta 400. Es decir que por lo menos obtienen entre 225y 300 dólares cada siete días. Esto sin contar que ofrecen platos preparados con los hongos del lugar a quienes deciden detener su automóvil y conocer el sitio. Sobre todo la demanda apunta a los ceviches.

La primera inversión para este negocio fue de 600 dólares. Y es que el proceso de producción de estos hongos es totalmente orgánico y requiere de paciencia.

Primero compran aserrín en las cercanas fábricas de cajas para naranjilla o frutilla y lo dejan secar varios días. Luego lo vuelven a humedecer y lo mezclan con afrecho.
En la zona hay lo que los comuneros llaman un “zoológico petrificado” formado de rocas volcánicas.

Posteriormente, el aserrín es puesto dentro de unas fundas plásticas transparentes. En el medio colocan un tubo PVC de dos pulgadas y un tapón. Es el tronquito. Unas 40 o 50 fundas de estas se almacenan en un tanque rellenado con agua hasta la mitad. Pasa algunos días así y luego es trasladado al cuarto de incubación. Allí en cada funda se siembra el hongo, exactamente dos cucharas de semilla. Mercedes Yupa, una de las trabajadoras del lugar, aclara que el frasco de semilla del organismo cuesta 1,50 dólares y alcanza para “sembrar” en 15 fundas.

Luego estas quedan en la estantería por 45 días. En ese proceso se vuelve blanca. Entre 500 y mil fundas pueden almacenarse en un cuarto de 3,50 por tres metros. Va después a otra habitación con un microclima diferente. Transcurren en total de cuatro a cinco meses en todo esto. Finalmente, pasa a la bodega, donde germinan. Cada funda tiene hasta seis producciones de hongos. Están listos para ir a la mesa de cualquier visitante.

Esta es una de las iniciativas que está germinando al amparo de un apoyo directo entre varias instituciones. Su eje es el turismo y, de hecho, propuestas como la de los hongos ostra está inserta como parte de una guía de la Ecorruta Sumaco, financiada por la Corporación Andina de Fomento (CAF).

Mauricio Velásquez, ejecutivo principal de Medio Ambiente de la multilateral internacional, señaló que se trata de una ayuda para impulsar por esta vía a la comunidad y para generar propuestas que permitan la protección de lo que se llama reserva de biosfera. En la elaboración de este producto, realizado por estudiantes de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), la CAF aportó en forma de cooperación técnica no reembolsable con 20 mil dólares. La tirada de la guía es de tres mil ejemplares y la mitad está en inglés.

En el camino de esta ecorruta que comprende Quito, Papallacta, Baeza, Hollín, Guagua Sumaco y Pacto Sumaco se encuentra un sinnúmero de negocios que buscan su espacio. Por ejemplo, la cascada de Hollín y sus diez metros de alto se ubica a pocos metros de la carretera, pero oculta a primera vista.

También están las cuevas de Daniel Carrasco, propietario del Centro Turístico Pasohurco. Es agricultor, pero desde hace cuatro años trabaja con sus propios esfuerzos y recursos para hacer los caminos, desenterrar lo que ha denominado “el zoológico petrificado” (rocas que tienen forma de animales y que son producto de las erupciones del volcán Sumaco), darle forma al tobogán natural y las tres cavernas, una de las cuales tiene 180 metros de largo.

Ahora piensa en construir sitios de alojamiento y una piscina. “Mi visión es tener un gran complejo para recibir cientos de visitantes”, dice. Por esta razón, para él, este tipo de iniciativas integradoras de proyectos le parecen fundamentales. Se trata de sumar en una zona donde la gente convive con uno de los volcanes más activos de Sudamérica.

El esfuerzo de la comunidad de Sumaco es un ejemplo de desarrollo para muchas otras iniciativas productivas del país.

Link: www.ticsdemanabi.net

17. En Puna promueven producir para salir de la pobreza


Tomada de la edición impresa del 21 de diciembre del 2009 El Telégrafo
Olga Chávez asistió al curso de capacitación que dio el CPR, en el que aprendió a polinizar los árboles.

Datos
La inversión para este proceso de capacitación es de 10 mil dólares.

La aspiración es que la chirimoya sea considerada una fruta exótica y que haya la posibilidad de exportarla.
Los agricultores formaron la Asociación Cacique Tomalá, para buscar un lugar en Guayaquil para descargar el producto.
El proyecto también comprende la fumigación de forma periódica, con agroquímicos orgánicos. Todo se realiza de forma gratuita.

Infórmate

Para conectarse con el Centro de Promoción Rural comunicarse a los teléfonos 042 529-968/ 042 901-114. Celular 091-740143.
Las oficinas principales están ubicadas en la península de Santa Elena. También hay un local en la isla Puná, situado en el centro del poblado.
70 productores de chirimoya son capacitados para mejorar la producción y calidad de la fruta.
En la isla Puná la producción de la annona squamosa, más conocida como chirimoya, es una de las principales fuentes de ingreso de sus habitantes, después de la pesca.

En el lugar, ubicado en el golfo de Guayaquil, hay alrededor de 1.200 hectáreas destinadas a producir la fruta, cuyos árboles tienen de 4 a 60 años y miden hasta 12 metros.

Los productores de la isla no habían recibido capacitación de ningún tipo y lo que cosechaban era resultado solo de lo que les daba la naturaleza, sin ningún control fitosanitario.

Luis Felipe Gorotiza, de 60 años y nativo del lugar, mencionó que la mitad de su vida se ha dedicado a esta actividad, además de la pesca, con lo cual ha mantenido a su familia, integrada por diez hijos, de los cuales cuatro aún viven con él.
La época de cosecha de la chirimoya es entre mayo y junio. Tiempo en el cual la familia Gorotiza, incluidas las mujeres, trabaja en la plantación de la cual obtienen aproximadamente 500 cajas en cada período.

“Las primeras cajas se las vende hasta en 14 dólares, pero esto baja drásticamente conforme pasan los meses y llegan a costar entre 5 y 3,50 dólares, cuando esto pasa es preferible dejar que la fruta se pierda porque venderla produce pérdidas”, mencionó el agricultor.

Según Gorotiza, el tiempo que demanda la cosecha y los problemas de transporte son los principales factores que limitan esta actividad.

“Los árboles son muy altos y eso dificulta para coger la fruta. Cuando ya no se puede vender la chirimoya se cae o se pasma en las ramas”, dijo el agricultor.

Justamente la necesidad de solucionar estas limitaciones motivaron a los ministerios del Litoral, de Agricultura, de Inclusión Económica y Social (Mies) y al Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) a desarrollar un proyecto para mejorar la calidad de la fruta.

La entidad seleccionada para ejecutar este proyecto fue el Centro de Promoción Rural (CPR), que inició las capacitaciones en 2008.
Los agricultores tienen problemas en la recolección y en el transporte de la fruta hacia Guayaquil

Para cumplir con el programa diseñado por el Iniap, el CPR formó una comisión que se encarga de capacitar a los agricultores.

La líder del proyecto es la técnica Verónica Atiensia, quien junto con un ayudante, recorre las 15 fincas que actualmente participan en la iniciativa en Puná.

El primer error que identificó el grupo es que los agricultores han permitido que los árboles crezcan sin control y eso dificulta la recolección de los frutos. “Por ello, se implementó un proceso de poda para que las plantas tengan una altura de 1,5 metros, lo que facilita la cosecha y, además, devuelve a los árboles la capacidad de producir ”, dijo Atiensia.

Una de las capacitaciones que reciben los 70 agricultores que están inscritos en el programa, consiste en usar insecticidas orgánicos, que evitan la presencia de la bro(plaga) en la planta, que causa daños en el cultivo porque disminuye el tamaño de la fruta.

“Con este proceso la producción puede que no se incremente significativamente, quizás sea solo de un 10% más, pero lo que mejorará es la calidad y, por ende, el costo del producto en el mercado”, manifestó David Zambrano, técnico del centro.

Otro proceso en el que trabaja el CPR es en la polinización de las flores, que consiste en que se complete la fecundación para que el fruto sea de buena calidad. Y que las plantas incrementen su rendimiento.

Mientras que Teófilo Parra Tórres, propietario de la hacienda El Porvenir, donde tiene dos hectáreas de plantaciones de chirimoya, señaló que aunque las capacitaciones son positivas es un proceso que demanda inversión.

“No es que tengamos que poner dinero pero si se necesitan recursos humanos para aplicar los procesos aprendidos. Esa, también, es una inversión, por ejemplo tengo la finca Punta Española donde hay 10 hectáreas con árboles inmensos de chirimoya, no creo que esté en posibilidades de podarlos todos y menos de polinizarlos”, aclaró Parra.

En cambio, en el tema de la comercialización el problema es el costo del transporte. Antes los agricultores de Puná llevaban sus productos al Mercado Sur, en Guayaquil, donde los vendían directamente a los comerciantes.

“Ahora tenemos que hacer trasbordo y pagar hasta un dólar por cada caja que se transporta al mercado Caraguay, porque no hay un muelle donde podamos descargar y menos un lugar donde se venda la fruta”, indicó Gorotiza.

Los beneficiarios de las capacitaciones esperan los meses de cosecha para comprobar el éxito de los procesos que han aplicado en sus haciendas con el anhelo de mejorar sus ingresos.

“La falta de lluvia también ha perjudicado la producción de chirimoya, aunque esta planta es resistente se necesita riego y la mayoría no cuenta con pozos para hacerlo”, dijo Parra.

Es por esta situación que Gorotiza analiza, en el mediano plazo, la posibilidad de solicitar un crédito al Banco Nacional de Fomento (BNF), por 5.000 dólares para construir un pozo para encontrar agua subterránea, implementar una bomba y hacer canales de riego en su propiedad y así asegurar la producción.

Link: www.ticsdemanabi.net

martes, 22 de junio de 2010

14. Empoderamiento de productores de arroz de Charapoto


Tomado de EL COMERCIO del 13 MARZO 2010

Manuel Espinales llega a sus parcelas de arroz a las 06:30. El cultivo crece en Corre Agua, una comunidad de la parroquia Charapotó (Sucre-Manabí). Está a 30 minutos al noroeste de Portoviejo.

De lunes a sábado, este agricultor recorre desde su casa 5 kilómetros en bicicleta, en la zona urbana de Charapotó, para llegar a sus arrozales.

El pasado fin de semana, aprovechando que el nivel del río bajo siembra la semilla.
De un tacho plástico saca puñados de arroz y lanza al suelo. Este sistema se llama al voleo. Los riega y en 30 días aparecerán las primeras espigas.

El cultivo en la zona

Muchas veces, los socios llevan la gramínea desde sus sitios de cosecha en triciclos chinos y en camionetas. Los campesinos tienen 400 hectáreas dedicadas a la siembra de arroz.
La cascarilla del arroz que sale luego de ser pilado se reutiliza como materia prima para fabricar ladrillos.
La venta al público de arroz empezó desde hace tres años, los clientes llegan desde Portoviejo, Manta y Bahía de Caráquez. El quintal se ofrece entre USD 28 y 33 al público. El productor recibe entre USD 28 y 30 por la saca de arroz (205 libras).
Esta es una de las mejores épocas para la siembra. “Claro, siempre y cuando no haya crecientes de ríos, esteros y quebradas que nos inunden y dañen las parcelas”, dice mientras termina su tarea cotidiana.
Cuando llegue la cosecha -en tres o cuatro meses-, Espinales entregará su arroz a la piladora Cristo Rey. Funciona a 400 metros de su cultivo.
Allí trabaja el agricultor Amado Anchundia, como gerente de esta planta. “Es como mi segundo hogar”, dice casi gritando a otros campesinos que llegaron a dejar su producto. El ruido de la máquina es ensordecedor.
Anchundia recuerda el día, hace seis años, cuando uno de los compañeros de trabajo vendió el terreno para la construcción de la piladora. Lo hizo a precio de costo (USD 18 000). Actualmente, es el sitio de mayor concurrencia de los agricultores de 15 comunidades de la zona baja del valle del río Portoviejo.

Proyecto innovador

Con la ayuda del programa PL 480, un proyecto de ayuda de Estados Unidos, se construyó la infraestructura y se compraron los equipos. Primero se levantó el cerramiento, se hizo el relleno y luego se puso la maquinaria.
José Mero, jefe de las siete personas que laboran en la piladora, cuenta que durante 40 años estuvieron a merced de los dueños de cuatro piladoras privadas. “Les dejábamos nuestro arroz, nos entregaban un papel y sufríamos hasta dos meses para cobrar por la venta”.
Eso cambió hace seis años. “Nuestra vida dio un giro total. Cuando llegamos con el arroz en cáscara a nuestra piladora nos pagan de inmediato”.
El dinero en efectivo emplean en el pago a los jornaleros, compra de semilla y para los gastos familiares. “A veces hasta se puede guardar algo para comprar insumos y combatir las plagas en los arrozales o para emergencias de salud”, dice Anchundia.
El agrónomo Carlos Bermúdez, técnico del lugar, comenta que 300 agricultores entrega su arroz en Cristo Rey.
La modalidad del papelito y venga después a cobrar causaba muchos problemas a los campesinos, dice. El arroz que se pila en Cristo Rey se vende a Quito y desde allí se exporta a Italia.
Semanalmente, 1 600 quintales de arroz se pilan y secan. El ingreso neto es de USD 12 000 cada ocho días.
Ahora buscan la ayuda para financiar la compra de una máquina cosechadora y un camión para ir a las fincas y transportar el arroz hacia la piladora.
El administrador Mero dice que buscan ayuda financiera. Mediante su apoyo “nos pudimos independizar de los dueños de las piladoras privadas”.

Link: www.ticsdemanabi.net